Existe una convención unánime en cuanto al abecedario latino. Es el más conocido y empleado en el mundo y sus orígenes se remontan a los tiempos de los antiguos romanos, si bien éstos fueron depositarios de alfabetos preexistentes como el del pueblo etrusco, que habitaron la península itálica, y éstos asimismo del griego. Consta de 26 letras ( A B C D E F G H I J K L M N O P Q R S T U V W X Y Z) pero cada idioma lo ha adaptado añadiendo o extrayendo notas. Originalmente no existían la letra J, que era una variante de la I, ni la U, que era una variante de la V. La W se incorporó posteriormente para representar sonidos germánicos. Fue como una fusión de dos V. En español además se añadió la letra ñ que anteriormente se había representado de diferentes formas, como con nn (Espanna)
En el año 1803, la RAE decidió que se incorporasen como letras los dígrafos CH y LL, al representar cada una de ellas un sólo sonido. En 1992 la RAE las mantuvo como letras pero decidió que no constasen en el orden alfabético en un intento de ajustarse a la convención internacional. Por eso, desde ese año, para encontrar una palabra como "chalé" en el Diccionario, había que buscarla dentro de la C y no de la CH como ocurría anteriormente. No obstante, la RAE seguía reconociendo tanto la LL como la CH como letras.
Esta situación se disolvió a partir de 2010. La RAE, en su nueva Ortografía, decidió eliminarlas como categoría de letras y desde entonces los dos dígrafos se encuentran supeditados a la C y a la L.
Sin embargo, la Ñ permanece no sólo como letra, con la que se desmarca del alfabeto latino internacional, sino que además se ha convertido en todo un icono de la cultura hispánica.
